El otro día entré en una farmacia para comprar unas pastillas contra la alergia que tengo, ya que en mi ciudad ha empezado la temporada de alergias bastante fuerte. La farmacia se llama "Luz Divina", y mientras estaba adentrándome en ella vino a mi mente que hace muchos años me negaron en ella la venta de preservativos por parte de una mujercilla mayor, pequeña y con cara de beata. Debía haber sospechado que me lo negarían dado el nombre de la farmacia, pero no razoné, tuve lo que se puede nombrar como "fe" y entré. Había cola, así que estube pensando en aquellos preservativos que me negaron hacía tanto tiempo, con lo que me puse a buscar estantes donde los hubiera con la esperanza de que, sabiendo que aquella mujer aún existía, ya no estuviera tras el mostrador debido a su avanzada edad, y con ello me sobrevino una pequeña esperanza de que sus hijos, ya que es una empresa familiar, hubieran rectificado la forma de pensar tan retrógrada de su madre.

Cuál es mi sorpresa, aunque sospechada, que llegado mi turno pregunto al dependiente si tenía preservativos ya que no los veía a mano. Me contestó levantando ligeramente su barbilla hacia uno de sus lados que no. Decepcionado, hice una pausa mientras miré mi receta del médico para las pastillas contra la alergia, para luego decirle al "buen" hombre que en ese caso no le iba ya a comprar nada. Me di la vuelta y me largé a otra farmacia.

¿Cómo puede influir negativamente la religión en nuestras vidas, hasta en las cosas más banales? Desde luego de muchas más formas que lo hace de forma positiva. Es ya recurrente, porque es sabido por toda la sociedad, que los preservativos son eficaces para evitar enfermedades, véase África y la detención del sida en Occidente, pero aún así la Iglesia Católica sigue convencida de que es un profundo error ya que es una forma de evitar tener niños. Bien, ¿y no sirven para eso los preservativos?. Ellos están en contra del aborto, pero el preservativo impide el encuentro de espermatozoides y óvulos, con lo que el aborto no existe. Es como decirle a un cura que está abortando cientos de seres humanos porque no mantiene relaciones sexuales plenas, su celibato se lo impide, está dejando de dar oportunidades a nuevos seres vivos que serían sus hijos (o hijos de Dios como diría un cura), y no sólo estaría impidiendo la vida a sus hijos, sino a sus nietos, bisnietos, tataranietos..., y así el número de vidas impedidas se multiplica exponencialmente, sólo porque cree no tener tiempo suficiente para dedicar unas horas al día al cuidado de sus hijos, en lugar de cuidar de las ovejas dándo misas, ¡que no se pasa el día entero dándolas, puñetas!, ni se pasa el día perdonando pecados en las confesiones, ni rezando, ni invocando al Espíritu Santo para que insufle su divinidad a la hostia para que se consagre.

Los católicos están en contra del aborto porque creen que mata literalmente a la persona. Imaginando que existiera Dios, no han caído en la cuenta que el mayor abortista de la historia ha sido y es Dios. Es Él el que, una vez consumado el acto sexual y uniéndose espermatozoide con óvulo, mata ese futuro hombre o mujer. Alrededor del 20% de las concepciones acaban en aborto natural, antes de llegar a ser feto (20 a 22 semanas de gestación), y aquí el hombre y la mujer. "Dios lo ha querido así" se suele decir en las familias católicas cuando esto ocurre. Bien, pues volvamos a la realidad y razonemos que no es que Dios "lo haya querido así" (es decir, aborte), sino que es la propia selección natural que en las primeras semanas de vida intrauterina actúa porque aún el ser humano no tiene un poder de actuación significativo sobre su desarrollo, con lo que la selección natural es la que dirige nuestros destinos.