Solo a partir del rey David, como nos demuestra Bertrand Russell, es que empieza a surgir el primer personaje real de la biblia, aunque una muy buena parte de él es leyenda, pues los israelitas seguían siendo politeístas-henoteístas.

 

La Biblia es “una colección de textos inconexos procedentes de antiguas leyendas mesopotámicas y egipcias, y de tradiciones orales de pastores nómadas incultos —en relación al nivel que tenían la mayoría de las sociedades con las que se relacionaron y coexistieron— que, tras muchos siglos de remiendos y añadidos fueron recogidas, ampliadas y reelaboradas por «profetas» y clérigos muy listos al servicio de los intereses políticos, encubiertos bajo reformas religiosas, de reyes ambiciosos como Ezequías o Josías [aunque en esta estrategia político-monoteísta ya se les había adelantado el faraón Akenatón con el único dios Atón].

 

En 1Reyes 6:1 se lee que Salomón comenzó a construir el Templo en el cuarto año de su reinado. La mayoría de los estudiosos de la Biblia estiman que el cuarto año del reinado de Salomón era el año 967 a. E. C., 480 años después que los hijos de Israel salieron de Egipto. Al hacer cuentas entre Génesis 5:3 hasta Éxodo 12:40, concluimos que 2668 años después de la creación sucede el Éxodo. Recordemos que no hay precisión en esto, pues la misma biblia se contradice con los 2 años de Sem, con su nieto o no llamado Cainan, y con los 400 o 430 años que vivieron los israelitas en Egipto. Así pues, según la biblia, la creación sucedió en el 4115 a. E. C. Luego el universo tiene solo 6128 años ¡Ja ja ja!

 

Ezequías subió al trono de Judá hacia el año 715 a. E. C. y reinó unos 29 años. Para recuperar la autonomía de su país y reforzar su identidad tras su vasallaje ante Asiria, emprendió una profunda reforma religiosa con la ayuda de redactores como el profeta Isaías —creador, entre otros aspectos fundamentales, de las bases del mesianismo davídico (Is 11,1-2)—, arrogándose legitimidad en base a las leyes y textos de la fuente bíblica denominada sacerdotal, que fue redactada para la ocasión —e introducida entre los textos de Génesis, Éxodo, Levítico y Números— y que es la responsable de cambios doctrinales y teológicos fundamentales respecto a las tradiciones yahvista y elohísta anteriores.

 

Josías llegó al trono de Judá hacia el año 640 a. E. C., a la edad de 8 años (según la Biblia), y se quedó en él 31años, alcanzando un prestigio cercano al del rey David. Al igual que hizo su predecesor Ezequías, emprendió una segunda reforma religiosa a fin de poder tener un instrumento político con el que vertebrar a su pueblo mediante una nueva ideología y una nueva ley divina. Los redactores de los nuevos textos ad hoc fueron profetas como Jeremías y Baruc, ambos prolíficos autores de los textos deuteronómicos. La joya de la corona fue el Deuteronomio, un marco legislativo que logró su fuerza para ser acatado al serle atribuida su autoría al tándem Yahvé/Moisés y que, para dar mayor credibilidad a la falsificación, se presentó como unos rollos hallados casualmente bajo los cimientos del templo de Jerusalén.

 

La palabra Biblia procede del término griego que significa “libros”, un plural que indica que no se trata de un libro sino de una colección de muchos libros, que varían en número, títulos y hasta en versículos en función de ser una Biblia hebrea, católica o protestante. Del griego biblía, libros, se originó el latino biblia. El nombre deriva del soporte en el que se escribían esos textos, que eran rollos de papiro denominados biblos (por ser importados de la ciudad fenicia de Biblos). La colección de rollos de papiro, o libros, conteniendo los diversos textos que la conforman, fue denominada, en la propia Biblia, como Escritura o Escrituras, aunque en el Nuevo Testamento también fue citada como Santas Escrituras (en Romanos 1:2).

 

El manuscrito más antiguo hallado hasta hoy de la biblia es un fragmento de Samuel, que se data en torno al año 225 a. E. C. Las sagradas escrituras del judaísmo actual se dividen en tres partes, Torah o Ley (5 libros), Profetas (21 libros) y Escritos (13 libros) y, obviamente, no incluye la colección del Nuevo Testamento. La forma y composición actual del canon judío se atribuye a Esdras. La Biblia católica y ortodoxa —siguiendo la tradición de la Septuaginta, la primera traducción al griego del Antiguo Testamento, realizada en el siglo III a. E. C.— incluye libros que no figuran en el canon hebreo, tales como Tobías, Judith, Sabiduría, Eclesiástico y I y II Macabeos y añade fragmentos importantes al libro de Daniel, al de Ester y al de Jeremías, son los textos etiquetados como deuterocanónicos. En total, la Biblia católica contiene 73 libros (46 en el Antiguo Testamento y 27 en el Nuevo Testamento).

 

El fragmento más antiguo del Nuevo Testamento, según algunos autores, es una pequeñísima tira de papiro con tres versículos de Juan que data del 68 d. E. C. o antes; aunque muchos dicen que está entre los años 125 y 150 d. E. C. En cualquier caso, el total del Nuevo Testamento que se conserva en soportes de papiro viene a ser un 67,48 % del volumen total. Resulta obvio que los libros de la Biblia no fueron escritos en el actual formato ni en el orden que guardan los textos actualmente. El idioma original de los textos del Antiguo Testamento fue el hebreo, aunque algunas partes de Esdras o Daniel se redactaron en arameo. El Nuevo Testamento se escribió en griego. Lo que queda de los soportes materiales más antiguos es apenas nada, y los libros actuales proceden de traducciones, de traducciones, de traducciones...

 

La biblia es como cualquiera de las escrituras sagradas de otras religiones, simplemente conto con la suerte de ser apoyada por occidente para su popularización. El paso de ser considerada una colección de libros, en plural, al de tenerla por un solo libro, tal como se considera hoy a la Biblia, se debió a que teológicamente quiso verse en esos textos tan diversos una sola unidad de proyecto y redacción «que revela una conducción inteligente, que no dejó de operar durante los más de mil años de su redacción». Comúnmente se tiene a Juan Crisóstomo (347-407 d. E. C.) como el primero que usó el término Escritura en el sentido singular y unitario recién citado.

 

La actual división de la Biblia en capítulos y versículos no procede tampoco de los textos originales, ya que estó se debe al inglés Stephen Langton, erudito bíblico y arzobispo de Canterbury, que, hacia el año 1200, unificó, revisó y reformó los sistemas de división más antiguos (la división del Antiguo Testamento en versículos se originó en el siglo VI o VII). La Biblia más antigua conocida que incorpora las divisiones de Langton fue publicada en1231. El concepto «testamento» que sirve para denominar las dos divisiones de la Biblia cristiana —Antiguo Testamento y Nuevo Testamento—, deriva del latín testamentum, que fue la traducción adoptada para la palabra griega diutbeke, que en la práctica totalidad de la Septuaginta significa “pacto” (aludiendo al pacto jurídico entre Dios y su pueblo otorgado a Moisés en el desierto). Hacia finales del siglo II, entre los círculos cristianos comenzó a extenderse el uso de una nueva denominación para ambas colecciones de libros: palaiadiatheµkeµ (Antiguo Testamento) y kaineµ diatheµkeµ (Nuevo Testamento). Al traducir al latín los textos griegos, autores como Tertuliano dieron a diatheµkeµ el sentido de instrumentum —documento jurídico— y también el de testamentum, que prevaleció a pesar de no ser un término exacto ni correcto.

 

La reforma protestante de Lutero (siglo XVI) limitó la Biblia a los libros del canon hebreo, aunque conservaron los añadidos del canon católico en otra categoría, bajo la denominación de apócrifos.

 

Han sido muchas las versiones al castellano que surgieron a partir de la publicación autorizada por la Iglesia católica de la obra de Scío, todas intentan aportar algo nuevo, ya sea un lenguaje o una estructura discursiva más comprensible para el lector moderno, o mejoras en la traducción de ciertos pasajes merced a nuevos conocimientos académicos, pero a pesar de las fuentes originales que casi todas las versiones se arrogan, la comparación de más de una veintena de versiones castellanas sugiere que hay bastante más plagio de las traducciones castellanas clásicas del que los autores modernos están dispuestos a reconocer. La diferencia más fundamental entre las diversas versiones bíblicas reside, precisamente, en todo aquello que no es Biblia, esto es, en la exégesis, en los comentarios, anotaciones e interpretaciones de los textos. Esa exégesis, pretendiendo orientar y situar al lector, lo que busca realmente es mantener su capacidad de comprensión cautiva dentro de estrechos márgenes doctrinales, a fin de que determinados versículos no se tomen en su sentido literal y con su valor contextual —que es el único histórico e indiscutible— sino que se perciban y asuman tal como cada tradición religiosa posterior, muy interesadamente, forzó y manipuló para así poder construir y justificar decenas de creencias absolutamente ajenas a la Biblia, pero impuestas como fundamentadas en ella".

 

Nota: Este artículo se basó principalmente en “Los pésimos ejemplos de Dios según la biblia”, de Pepe Rodríguez.