De niño recibí el bautismo católico, tal como lo hacían con casi todos los infantes en Colombia por 1980. Ya a los cinco años mi madre me empezó a llevar a una iglesia evangélica. Recuerdo los gritos de aleluya, y que hacía frío en las noches. El paso por la iglesia evangélica fue breve. Una tía se hizo adventista del séptimo día y llevó a mi mamá a esta iglesia. Y por crianza y adoctrinamiento desde la infancia me criaría en esta religión.