“Que quiten todos los programas de videncia. Lo estamos pasando muy mal con una hermana mía de 37 años que está siendo timada por una vidente y está dándole todo su dinero. Sabemos que le entregó 2.000 euros y también han llegado facturas muy altas del número 806″. Así se resume el caso real de una familia angustiada por la dependencia emocional de uno de sus miembros a una determinada echadora de cartas de una cadena de televisión local. Acudieron, como muchas otras, a buscar ayuda al Consejo Audiovisual de Andalucía (CAA), donde se muestran preocupados por la absoluta impunidad del fenómeno contra el que llevan luchando varios años. Su último intento: una petición al Ministerio de Industria y a los grupos del Congreso para que modifiquen la Ley Audiovisual, que acaba de cumplir tres años, y que ha dejado a los timadores de los astros en un limbo legal del que están sacando buena tajada a costa de los espectadores más indefensos.


Las noches televisivas se han convertido en un territorio fértil para que crezcan los echadores de cartas, los crupieres catódicos y la teletienda de los productos milagro. A estos últimos reclamos pseudocientíficos se les ha comenzado a poner coto en los últimos meses, enviando requerimientos desde el Ministerio de Industria a televisiones como MTV, 13TV e Intereconomía para que dejen de lucrarse con engañabobos. Pero los astrólogos cuentan con una ventaja adicional: un importante agujero de la Ley General de Comunicación Audiovisual de marzo de 2010 que les permite deslizarse dentro de nuestras casas como un show más. “Deberían ser considerados cuando menos televenta”, critica la presidenta del CAA, Emelina Fernández Soriano, “aunque por su propia naturaleza la inmensa mayoría deberían estar prohibidos”.