Cientos de miles de niños en todo el mundo mueren por enfermedades que prosperan ante la deficiencia de esta vitamina o quedan ciegos de por vida. En estos países pobres, el arroz es un alimento básico que proporciona gran parte de los nutrientes y, ante la falta de una alimentación más variada, introducir en este cereal un micronutriente básico como la vitamina A podría ser revolucionario. Sin embargo, pese a que más de treinta años de consumo de productos modificados genéticamente no han ofrecido evidencias de riesgos para la salud, las reticencias del público ante estas tecnologías las han rodeado de una regulación inmensa que dificulta llevar al mercado los avances del laboratorio.

Década y media después de su presentación, el arroz dorado aún sigue en fase experimental. Pese a las dificultades, Beyer, que visitó esta semana Madrid para ser nombrado académico de la Real Academia de Ingeniería, confía en que este tipo de organismos genéticamente modificados llegarán a la gente “porque son necesarios”. Además del arroz, Beyer y otros científicos trabajan en la introducción de estos rasgos genéticos en alimentos básicos de otras regiones como la yuca o el plátano. Por ahora, insertando un gen del maíz y otro de una bacteria, han desarrollado una última versión del arroz dorado que multiplica por más de 20 la cantidad de vitamina A que proporciona.