En el Colegio Simón Bolívar de Garzón- la Capital Diocesana- lo albergaron como maestro de filosofía desde junio de 2015 y desde su llegada ha sido epicentro de críticas y ataques verbales por parte de padres de familia, docentes y hasta de la Iglesia Católica en el pueblo que se alertó por sus cátedras y desde el púlpito- según contó Trujillo a LA NACIÓN- le lanzan dardos y lo ponen colocan en la guillotina de los garzoneños.

“Trabajé con los estudiantes de once, filosofía de la religión, ética, epistemología y lógica, pero empezó a presentarse recelo entre los padres de familia”, dice el maestro.

Los estudiantes llegaban a casa con libros, documentos y empezaban a tener cuestionamientos sobre su vida. El primero: ¿qué es Dios? ¿Es real? “Los padres no tuvieron las respuestas suficientes para solucionar las incógnitas de sus hijos y empezó el problema”, resume el filósofo.